Guardas en la mirada esa pequeña chispa que hace que arda todo lo que
hay alrededor, y sin saber muy bien cómo, jugamos a dibujar caminos que suben y
que bajan perdiéndose en las rotondas de lunares que llevamos tatuados en el
cuerpo. Reconócelo, nunca fuimos de ésos que escogen el camino recto.
Y empiezas a jugar con las capas restantes de mi piel, y dejas todas
mis preocupaciones y mis malos días tirados por cualquier rincón de la
habitación como queriendo decir “te voy a quitar toda la sal que llevas en las
heridas”.
Y me dejas caer, pero caes conmigo. Y entonces es cuando buscamos y
encontramos… Y temblamos. Llegó el terremoto que va a arrasar con el invierno.
Y nosotros mientras debajo de las sábanas nos bebemos, como queriendo saciar
una sed inexistente.
Ven, que yo te hago un hueco.
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