lunes, 23 de abril de 2012

Mi rutina preferida.

Y ahora la habitación tendrá un olor diferente, aunque nadie lo note.
Luces apagadas que dejaban ver el brillo en los ojos y las pupilas dilatadas.
La impotencia que me despierta el no poder detener el mundo y que ya no te muevas de aquí, y mirar tu forma de tumbarte y cerrar los ojos, como si fingieras dormir.
Que se vaya el estrés y la desesperación que me provoca pensar todo lo que pasa fuera de estas cuatro paredes, todo lo que me queda por hacer y todas las implicaciones morales que me provoca esto.
Yo ya no sé qué más puedo hacer, me rindo ante la imposibilidad de tenerte lejos, sólo relativamente. Ya te dejo que te quedes el tiempo que quieras, siempre habrá sitio para otra locura más. Te dejo los cajones que quieras de mi tiempo, llénalos de todo lo que te dé la gana. Humo y cafeína, besos y caricias, secretos y vidas escondidas. También te dejo que los vacies cuando quieras y que cierres para siempre la puerta con un punto y final.
Me da igual el daño si al final consigo enredarte un rato más. Ahora es imposible deshacer lo que hiciste.