Y ahora sé que contestar cuando la gente me pregunte: "¿Qué haces?" Y me quedaré mirando sus caras de payaso cuando les conteste. Payasos que piensan que igual no he entendido la pregunta, o que les estoy vacilando. Y me reiré ante esta situación, en parte por su ignorancia y en parte me darán lástima al no comprender mi respuesta.
Porque mi respuesta es simple: "Estoy viviendo". Una respuesta tan sencilla que a nadie se le ocurrió que podía contestar a una pregunta tan compleja.
Porque la gente hoy en día no vive, hoy en día sólo hace una rutina. Esperan con resignación a un nuevo día, con el mismo desayuno, a la misma hora. Y así hasta acabar tumbados en el mismo sofá, con la misma cerveza que el día anterior.
Y yo mientas viviré la vida y disfrutaré de cada nuevo segundo, disfrutando de lo inefable y sencillo del momento.
sábado, 31 de marzo de 2012
jueves, 8 de marzo de 2012
"El Cuento Número Trece", Diane Setterfield
Entonces habló-
-¿Ha visto alguna vez el retrato de Dickens en su estudio? Lo pintó un hombre llamado Buss, creo. Tengo una reproducción por ahí, ya se la buscaré. En el retrato de Dickens ha empujado la silla del escritorio hacia atrás y está dormitando con los ojos cerrados y su barbudo mentón sobre el pecho. Lleva puestas las zapatillas. Alrededor de su cabeza flotan personajes de sus libros como si fueran humo de cigarrilo; algunos se apiñan sobre los papeles del escritorio, otros se han deslizado detrás de él o han descendido, como si se creyeran capaces de caminar con sus pies por el suelo. ¿Y por qué no? Sus trazos son tan fuertes como los del propio escritor, así que ¿por qué no deberían ser tan reales como él? Son más reales que los libros de las estanterías, esbozados con una línea apenas visible y discontinua que en algunos lugares se desvanece en una nada fantasmagórica.
>>Se estará preguntando por qué recordar ahora ese retrato. Si lo recuerdo con tanta precisión es porque refleja perfectamente la forma en que yo he vivido mi propia vida. He cerrado la puerta de mi estudio al mundo y me he recluído con mis personajes. Durante casi sesenta años he escuchado a hurtadillas y con total impunidad las vidas de seres imaginarios. He mirado descaradamente en corazones y retretes. Me he arrimado a sus hombros para seguir el movimiento de plumas que escribían cartas de amor, testamentos y confesiones. He observado a enamorados amarse, a asesinos matar, a niños jugar con la imaginación. Cárceles y burdeles me han abierto sus puertas; galeones y caravanas de camellos han cruzado mares y desiertos conmigo; siglos y continentes se han esfumado a mi antojo. He espiado las fechorías de los poderosos y he sido testigo de la nobleza de los sumisos. Tanto me he inclinado sobre personas que dormían en sus lechos que es posible que hayan notado mi aliento en sus caras. He visto sus sueños.
>>Mi estudio está abarrotado de personajes que están esperando a ser escritos. Personas imaginarias, deseosas de una vida, que me tiran de la manga, gritando: "¡Ahora yo! ¡Venga! ¡Me toca a mí!". Tengo que elegir. Y en cuanto ya he elegido, el resto calla durante diez meses o un año, hasta que llego al final de una historia y el clamor se reanuda.
[...]
-¿Ha visto alguna vez el retrato de Dickens en su estudio? Lo pintó un hombre llamado Buss, creo. Tengo una reproducción por ahí, ya se la buscaré. En el retrato de Dickens ha empujado la silla del escritorio hacia atrás y está dormitando con los ojos cerrados y su barbudo mentón sobre el pecho. Lleva puestas las zapatillas. Alrededor de su cabeza flotan personajes de sus libros como si fueran humo de cigarrilo; algunos se apiñan sobre los papeles del escritorio, otros se han deslizado detrás de él o han descendido, como si se creyeran capaces de caminar con sus pies por el suelo. ¿Y por qué no? Sus trazos son tan fuertes como los del propio escritor, así que ¿por qué no deberían ser tan reales como él? Son más reales que los libros de las estanterías, esbozados con una línea apenas visible y discontinua que en algunos lugares se desvanece en una nada fantasmagórica.
>>Se estará preguntando por qué recordar ahora ese retrato. Si lo recuerdo con tanta precisión es porque refleja perfectamente la forma en que yo he vivido mi propia vida. He cerrado la puerta de mi estudio al mundo y me he recluído con mis personajes. Durante casi sesenta años he escuchado a hurtadillas y con total impunidad las vidas de seres imaginarios. He mirado descaradamente en corazones y retretes. Me he arrimado a sus hombros para seguir el movimiento de plumas que escribían cartas de amor, testamentos y confesiones. He observado a enamorados amarse, a asesinos matar, a niños jugar con la imaginación. Cárceles y burdeles me han abierto sus puertas; galeones y caravanas de camellos han cruzado mares y desiertos conmigo; siglos y continentes se han esfumado a mi antojo. He espiado las fechorías de los poderosos y he sido testigo de la nobleza de los sumisos. Tanto me he inclinado sobre personas que dormían en sus lechos que es posible que hayan notado mi aliento en sus caras. He visto sus sueños.
>>Mi estudio está abarrotado de personajes que están esperando a ser escritos. Personas imaginarias, deseosas de una vida, que me tiran de la manga, gritando: "¡Ahora yo! ¡Venga! ¡Me toca a mí!". Tengo que elegir. Y en cuanto ya he elegido, el resto calla durante diez meses o un año, hasta que llego al final de una historia y el clamor se reanuda.
[...]
lunes, 5 de marzo de 2012
Libertad
Por mi libertad de derecho de expresión, opino que no debería definirse
la libertad como ausencia de obstáculos o límites, pues aún el Universo
Material, aunque tan grande no es infinito, y crece en un espacio-tiempo
de al menos 5 dimensiones limitado por leyes. Yo puedo lanzarme de un
avión sin paracaídas, y en libertad probablemente moriría en vez de
volar, pero también en libertad puedo escoger conocer las leyes de
gravedad, sustentación, inercia, etc. para encontrar la manera de volar.
Elegir entre la derecha o izquierda es una libertad limitada, estamos
de acuerdo, sería mejor si también puedo elegir también entre arriba y
abajo, y todavía mejor si puedo seguir investigando y aprendiendo para
ampliar mis posibilidades, tener lo que en ciencia se denominan grados
de libertad.¿Que las leyes físicas limitan nuestra libertad ? A mí me
parece que en un Universo totalmente impredecible más bien seríamos
esclavos del azar.
La libertad se merece si se conquista, y a la humanidad nos falta un largo camino aún. En lo personal disfruto muchísimo de la poesía de la vida, de los atardeceres, flores, sonrisas y he elegido sentirme feliz con momentos tristes. Lástima que aún 100 años más no me alcanzarán para explorar ni una ínfima parte de las posibilidades que me ha mostrado la vida.
La libertad se merece si se conquista, y a la humanidad nos falta un largo camino aún. En lo personal disfruto muchísimo de la poesía de la vida, de los atardeceres, flores, sonrisas y he elegido sentirme feliz con momentos tristes. Lástima que aún 100 años más no me alcanzarán para explorar ni una ínfima parte de las posibilidades que me ha mostrado la vida.
jueves, 1 de marzo de 2012
Espectativas.
Lo veo claro: somos títeres de lo que la gente espera de
nosotros.Espectativas. Somos espectativas del resto, sin vida
propia.Nada nos obliga, pero si no cumplimos con esas espectativas sólo
vendrán problemas. Estamos jodidos.Una cuerda nos une con el resto y esa
cuerda nos fuerza a cumplir. Tirar... Intentar tensar la cuerda...
Tensaría las relaciones. No puedes tensar la cuerda, debes ceder. Lo
dicho, estamos jodidos.Problemas... Tiene demasiados. Muchos más de los
que quisiera, y peor es mi caso. Una persona tan voluble como yo no
puede cumplir espectativas. No sé cumplir espectativas, simplemente no
entiendo lo que espera la gente de mí. ¿Por qué simplemente no puedo ser
yo? Crear espectativas conmigo es más suicida que atarse una soga al
cuello.Además, la gente no soporta los cambios, y yo necesito cambiar
para ser yo. Soy más pura cuanto más cambio...Y de nuevo problemas:
nadie quiere cambios. Debo cambiar, tanto para bien (la mayor de las
veces) como para mal (de los errores también se aprende). Está claro que
debo cambiar. Debo crecer buscando mi propio sol, cultivarme cual
planta absorviendo lo que me rodea. ¿Acaso eso es malo? ¿Por qué no
puedo cambiar? ¿Qué temes? Los cambios son sólo eso: cambios. Temerlos
no es nada productivo. Oponerse a ellos no lleva a más lugar que el
estancamiento. Y el agua estancada bien es sabido que pudre.¿Pudrirme?
No, gracias. Prefiero seguir como estoy. Prefiero seguir siendo una
nueva y mágica idea a cada momento.
La vida secreta de las mariposas.
Todo comenzó de una manera poco corriente, un día, una noche... Uno y
mil mundos a la vez. Podía haber escogido otra dirección en aquel
momento, derecha en vez de izquierda o incluso todo recto. Pero no, tuve
que escoger ésa, algo me dijo que era la correcta. En un segundo que
estuve con él, todo cambió. Me dispuse a convertir todo aquello en una
mariposa: la rama correcta, el sol de frente... Empecé a cubrirlo todo
con la más fina seda: seda de besos, de abrazos, de caricias, de
confidencias... Y a parte de fina y delicada, una seda fuerte y
resistente. Un buen lugar para que todo cambiara.
Era perfecto. El tiempo se escapaba entre nuestras manos, dos horas eran un insignificante segundo a su lado. Las sonrisas tenían el resplandor de un precioso amanecer. Los besos sabían a dulce, a promesas cumplidas, y por primera vez en mi vida, sabían a final feliz. Pasaban los días, las horas, los minutos... y yo cada vez deseaba con más fuerza el día en que mi mariposa saliera de su crisálida.
Un día más de los muchos que estaba a su lado, todo cambió. Me volví a dar cuenta de que los cuentos de hadas sólo existen en al imaginación. Aquella confesión hizo que ese mundo que aquel día se creó empezara a apagarse. Una pequeña herida en mi crisálida. La rama estaba a punto de quebrarse. El sol de frente cegaba. Pero yo seguía creyendo que al final todo saldría bien. Me acostumbré a convivir con la duda. Aprendía a luchar por él, porque sabía que merecía al pena, porque por una vez creía que me tocaba ganar, porque me encantaba estar con él, porque me protegía del frío, porque cada beso era una sobredosis de felicidad. Confié en que todo saldría bien, mi mariposa acabaría volando. "Me encantas pequeña", la frase de cada noche al despedirnos, la frase en la que creía ciegamente y en al que todavía creo.
Cuando llegó el día en el que yo creía que mi mariposa vería la luz, todo cambió... "Lo siento, nunca quise hacerte daño". La duda que yo creí olvidada, los miedos que nunca mostré, se hicieron reales. Se apagó definitivamente la luz de aquel mundo que creamos esa noche. Una explosión peor que el Big Bang. Todo roto. Y de repente nada, sólo recuerdos, sólo millones de cosas que nunca pasarán. Todo un tiempo perdido.
Y en algún otro lugar, otra mariposa alzaba su vuelo hacía el amanecer.
Era perfecto. El tiempo se escapaba entre nuestras manos, dos horas eran un insignificante segundo a su lado. Las sonrisas tenían el resplandor de un precioso amanecer. Los besos sabían a dulce, a promesas cumplidas, y por primera vez en mi vida, sabían a final feliz. Pasaban los días, las horas, los minutos... y yo cada vez deseaba con más fuerza el día en que mi mariposa saliera de su crisálida.
Un día más de los muchos que estaba a su lado, todo cambió. Me volví a dar cuenta de que los cuentos de hadas sólo existen en al imaginación. Aquella confesión hizo que ese mundo que aquel día se creó empezara a apagarse. Una pequeña herida en mi crisálida. La rama estaba a punto de quebrarse. El sol de frente cegaba. Pero yo seguía creyendo que al final todo saldría bien. Me acostumbré a convivir con la duda. Aprendía a luchar por él, porque sabía que merecía al pena, porque por una vez creía que me tocaba ganar, porque me encantaba estar con él, porque me protegía del frío, porque cada beso era una sobredosis de felicidad. Confié en que todo saldría bien, mi mariposa acabaría volando. "Me encantas pequeña", la frase de cada noche al despedirnos, la frase en la que creía ciegamente y en al que todavía creo.
Cuando llegó el día en el que yo creía que mi mariposa vería la luz, todo cambió... "Lo siento, nunca quise hacerte daño". La duda que yo creí olvidada, los miedos que nunca mostré, se hicieron reales. Se apagó definitivamente la luz de aquel mundo que creamos esa noche. Una explosión peor que el Big Bang. Todo roto. Y de repente nada, sólo recuerdos, sólo millones de cosas que nunca pasarán. Todo un tiempo perdido.
Y en algún otro lugar, otra mariposa alzaba su vuelo hacía el amanecer.
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