Cuando cae la noche y se siente sólo la llama a ella. Se sienta en la cama con ella y la coge por la cintura y le cuenta todos sus miedos, el por qué de la soledad que le aprisiona la garganta y sus pesadillas. Y ella, con suma paciencia, le escucha y le consuela. Es entonces cuando él la empieza a tocar y empieza a sentirse bien otra vez, porque para él no hay nada más importante ni más valioso que esas seis cuerdas que responden a todos sus deseos.
Rasga las cuerdas y la guitarra responde convirtiendo toda esa rabia en melodía, una melodía suya propia que nadie más puede tocar porque ese sentimiento sólo le pertenece a él y nadie más lo puede comprender. Y la toca, la posee y la convierte suya. Y ella responde a sus deseos, hace eco de todos sus sentimientos y hasta parece que grita en determinados momentos toda la rabia que contenía dentro de él.
Y llega un momento en que el mundo parece que se ha detenido para escucharlos. Ya no son un chico y su instrumento, son sólo uno, perfecta conjunción que nadie puede entender. Es justo en ese momento cuando el mundo contenido en esa pequeña habitación estalla en una explosión que semeja la muerte de una estrella, tan luminosa y destructiva que podría tumbar a cualquier gigante que se pusiera en su camino.
Sus dedos se mueven tan rápido que parece que flotan sobre el cuerpo de su dulce compañera, acordes y solos que descargan todos los sentimientos fuera de su cuerpo, versos que hablan de volar y escapar lejos, de aprender a caer para volver a levantarse...
Porque cuando quiere también puede hablarle de amor, (creerme cuando os digo que sólo la música puede describir el amor, porque las palabras se quedan muy cortas en ese tema.) entonces sí que hasta el humo del cigarro parece danzar y emocionarse con esas notas. Acuna a su pequeña entre sus brazos y la acaricia suavemente, temeroso de romper sus frágiles cuerdas. Transforma sus pensamientos en canciones que merecerían estar en la listas de más descargadas, canta metáforas al aire mirando siempre a la luna, como un viejo lobo enamorado.
Afortunado aquel que puede hacer todo esto porque, como siempre dije "una melodía vale más que un millón de palabras" y sólo unos pocos pueden poseer magia en sus dedos y no dormir nunca sólos en las noches más oscuras.
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